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Fraude propio y de terceros

Se está poniendo tan de actualidad y de forma tan popular los diversos mecanismos para llevar a cabo una acción fraudulenta en el comercio digital, la ‘democratización del fraude’, lo que nos permite definir y aclarar algunas tipologías de fraude, relacionadas con suplantación de identidad, como son el First, Second y Third-Party Fraud.

First-Party Fraud o fraude propio. La realización de una compra o la adquisición de un servicio, apuestas o juegos online, por parte de una persona que finalmente decide engañar, reclamando que dicha operación no ha sido ejecutada por él. Se trata de una situación que se extiende con fuerza, y que tiene numerosas variantes, como por ejemplo el conocido como fraude de guardarropa, en el que la prenda comprada, se devuelve una vez usada.
En este tipo de fraude, el cliente legítimo traspasa la línea roja para convertirse en estafador, reclamando la devolución del cargo en su banco que a su vez lo solicita al comercio, con el consiguiente quebranto económico.

Con datos de una encuesta realizada por Sift Science, la Generación Z admite en un 42% ser proclive a realizar fraude propio, y de igual modo, en segundo lugar el 22% de la Generación Millennials.

Second-Party Fraud. Como variante del anterior, las credenciales (tarjeta, registro, identidad) de una persona, son usadas, con o sin permiso, por un amigo o familiar, produciéndose posteriormente la reclamación del propietario legítimo de dicha información. De nuevo, en este fraude coordinado entre varias personas, el usuario legítimo está moviéndose por acción u omisión, al bando de los malos.

Third-Party Fraud. Podemos decir que es el más fácil de explicar, pero el que entraña la dificultad y especialización del profesional de la estafa. Este tipo de fraude engloba los quebrantos perpetrados con información personal robada (phishing, smishing, …), o que conlleva un proceso de suplantación de identidad (ATO), y la posterior monetización mediante compras que el usuario legítimo, desconocedor del robo de su identidad, no ha realizado, provocando su reclamación y la devolución del cargo al comercio digital y la consecuente pérdida económica.

La lucha contra el fraude requiere una cobertura completa del ciclo digital (acceso, registro, intercambio de información, compra, disputa), para tener éxito en un escenario tan complejo y diverso.

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