Como usuario de Comercio Digital y también de los medios digitales de pago bancarios, pediría que si recibo una comunicación esta sea distinguible de un mensaje de cualquier otro agente no identificado. No puedo exigir la autenticidad de un tercero que quiere contactar conmigo de forma indiscriminada, es obvio, pero sí es razonable pedirlo de quien soy cliente o tengo algún tipo de vinculación.
La experiencia hace evidente que no son útiles logos, ni apariencias, ni textos formales, ni nada que la IA no pueda emular de forma magistral, para distinguir la legitimidad de una comunicación, tecnologías al alcance de cualquier tercero malintencionado.
En la siguiente pantalla de este juego en el que está comprometida la confianza en el Comercio Digital, la detección de estos mensajes malintencionados recibidos por correo o por SMS, no sirven las direcciones del remitente, los números de teléfono origen, o algún identificativo fácilmente enmascarable, como se ha demostrado sobradamente en el mundo digital en el que vivimos.
La suplantación de las empresas que pueden enviarnos comunicaciones es uno de los orígenes del problema, dentro de la cadena de acontecimientos que pueden acabar con nuestra propia suplantación y estafa.
En este estado de cosas, la exigencia de veracidad en el intercambio de mensajes, sean de marketing o de cualquier otra naturaleza, se nos antoja imprescindible si queremos evitar fenómenos cada vez más sofisticados de phishing, vishing, smishing o QRshing. Dicha exigencia empieza a calar en las entidades financieras que a través de iniciativas como el Stop Scam o la reciente mensajería 𝗥𝗖𝗦 (𝗥𝗶𝗰𝗵 𝗖𝗼𝗺𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗮𝘁𝗶𝗼𝗻 𝗦𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗲) muestran primeros pasos para aumentar la confianza y seguridad en estos canales. Con estas iniciativas la certificación de los orígenes de las comunicaciones, están en el centro de la cuestión, manteniendo canales seguros de comunicación entre entidades y clientes.
Como comentamos anteriormente, hay medios actualmente para autenticar la comunicación de marketing que proceda de una empresa de la que soy cliente. La suplantación de una empresa con la que tenemos relación es de las más peligrosas, dado que media una confianza y comunicaciones previas, tendiendo a calificar estas comunicaciones como fiables. Que nos llegue una solicitud de actualización de información de nuestra comercializadora de electricidad o nuestra compañía de telefonía móvil, va a ser atendida con menos filtros que si nos llega de una empresa con la que no tenemos relación contractual; y por mucho que nuestro banco, compañía de telecomunicaciones o compañía del gas nos diga que jamás atendamos comunicaciones pidiéndonos claves, documentos de identidad, etc., podemos ser vulnerables.
Primero se abordó la seguridad de las transacciones bancarias, blanco inicial del fraude, y a medida que el comercio digital fue creciendo, se fue extendiendo el análisis y la protección al ciclo completo del negocio digital, desde el registro de usuarios, pasando por el acceso, el proceso de compra y los actos post-compra como devoluciones, contracargos, etc. Es evidente que esta extensión del análisis es necesario si queremos realizar un control efectivo en la seguridad en las compras, y a medida que el ámbito del comercio digital abarca también las comunicaciones y el marketing, es igualmente necesario que se extienda el análisis y la protección a este terreno.
En el ciclo del comercio digital, los esfuerzos por detectar y controlar el fraude, se ha de hacer sistemáticamente, en los diferentes estadios del ciclo.
- Control en la creación de las cuentas, con un proceso de KYC exhaustivo, cada vez más eficiente, cuidando la fricción.
- Verificación de la identidad en las fases de acceso del usuario.
- Análisis de condutas en las acciones de selección y compra de productos.
- Incremento de las medidas de seguridad en las transacciones de intercambio de valor, incluyendo verificación de los instrumentos de pago diversos en uso.
- Cobertura de las etapas de Backoffice, especialmente todo lo que tiene que ver con devoluciones y contracargos, verdadero caballo de batalla en muchos proceso de fraude, incluyendo el fraude amigo (first-party fraud).
No se puede evitar un uso extensivo del marketing digital, aunque fuera deseable, pero sí minimizar el impacto del phishing amparado en esta maraña de comunicaciones.
En este punto, sería coherente exigir a las compañías con las que tenemos un contrato, que sus comunicaciones vinieran firmadas, teniendo por nuestra parte mecanismos automáticos de autenticación de esas certificaciones. Sin duda es adecuado extender el ‘Ciclo de Comercio Digital’ a las fases de marketing y comunicaciones con los clientes, en un escenario de protección contra el fraude, de forma activa y no reactiva. Es este un elemento que resulta clave para disminuir considerablemente la capacidad de phishing o smishing que en este momento poseen los defraudadores.
En resumen, no es descabellada la petición de certificación de autenticidad para que todo canal de comunicación y de forma individualizada cada comunicación que fluye por él, de modo que si no ha sido bendecida previamente con mi autorización, quede identificado como inseguro, actuando de forma activa y no reactiva ante las amenazas de phishing y smishing.
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